La televisión
es el gran sistema de telecomunicación en la sociedad actual. La concepción del
propio término que une dos palabras, la griega “tele” que significa distancia y
la latina “vision”, que se refiere a lo que se ve u observa, nos refleja la
enorme importancia de trasladarnos cualquier imagen en movimiento y con su
correspondiente sonido dentro de nuestras propias casas, cada vez con más
nitidez y claridad como puede ser la actual generación de televisores en
formato 3D. Es el medio de comunicación del mundo, al cual la actual sociedad
está anclada y quizás subordinada, ya que cualquier acontecimiento de nuestro
planeta se puede contemplar, observar, analizar, examinar, y un larguísimo etc.
de acciones con el mínimo esfuerzo de encender nuestro receptor y dirigir la
mirada hacia la pantalla.
Es, por
tanto, un arma de varios filos, ya que genera tal magnitud de posibles
sensaciones y experiencias que es necesario mantener cierta distancia ante
ella. En primer lugar, es necesario saber como utilizar un receptor de imágenes
y sonidos que te abre el “mundo” en tu sala de estar las 24 horas del día, con
una inmensa y variada programación en la que cualquier espectador puede
sentirse complacido, y, también, por que no, también abrumado para controlar
ese maremágnum de contenidos a escoger.
Ante la
magnitud de una programación, actualmente se pueden sintonizar más de 70
canales a través de unos de los sistemas más recientes y básico de recepción
como es la TDT
(televisión digital terrestre), obliga al televidente a realizar una enorme de
criba en relación a sus gustos, edad, expectativas, hora del día, estados de
ánimo, compañía, etc.
Es el
espectador, el “rey” del mando a distancia, quien genera con un simple clic, la
entrada en su casa de cualquier elección idónea a sus expectativas en ese
momento. Y, como es tal la facilidad de cambio de canal y por tanto de la
selección de la programación, el espectador debe de establecer una priorización
previa a la enorme demanda de canales detectables en su televisor.
La televisión
actual se configura según la forma de recibir la señal. La finalizada era
analógica, de señal terrestre de ondas hercinianas da lugar a un conglomerado
de sistemas de recepción. El más común, y heredero del analógico, es el ya
mencionado TDT, que utiliza vías de comunicación digitales, al cual hay que
añadir, no sin quitarle relevancia, la televisión por cable que transmite a
través de un cable coaxial, tipo telefónico, o con mayores adelantos a través
de cable de fibra óptica.
No podemos
olvidarnos de la televisión vía satélite, que fue sin duda la que abrió el Mundo,
como concepto geográfico del concepto, al televidente, dado que al redirigir la
señal a los satélites de comunicación se puede acceder a emisiones de todo el
planeta, sin ningún obstáculo que lo impida.
Por último,
aparecen las llamadas plataformas controladas por las principales empresa de
telefonía, que través del protocolo IPTV nos ofertan la televisión a través de
la red WEB de banda ancha, lo cual genera una multiplicación de posibilidades y
ofertas a través del sistema multimedia, por la que la presentación de la
información, programación y contenido dan un paso más adelante en el que el
espectador-receptor genera su propia oferta televisiva y decide el momento y
programa con total libertad e independencia. Con la actual oferta de
receptores, denominados televisores inteligentes, o su anglicanismo “smart-tv”,
el mundo de Internet entra y se mezcla con nuestra televisión, las expectativas
del espectador se multiplican por mil.
Por último, cabe señalar que ante todo la televisión ha de ser un
medio de comunicación útil y como tal se debe emplear, en todos los aspectos
que el espectador necesite: información, entretenimiento, divulgación...
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